sábado, 25 de junio de 2011

Profeta

Hay un profeta que no figura en la Biblia, pero que condiciona la vida de todos los humanos. Nadie lo ha leído, pero todo el mundo ha escuchado hablar de sus enseñanzas, y desde niños nos creemos a pies juntillas todo lo que nos dice, haciéndonos sentir mal cuando lo desobedecemos. Nos lo han predicado con toda su buena fe padres, maestros, curas, amigos, familiares, y tenemos el convencimiento de que, sólo con nombrarlo, su palabra es sagrada.

Si hacemos caso de los que nos dice, la vida nos irá bien, seremos aceptados por la sociedad y estaremos entre los ciudadanos ejemplares que son dignos de admiración. Terminaremos estudios, tendremos trabajo (y uno bueno además), solvencia económica, una pareja y una familia dignas de envidia, y probablemente estaremos en sintonía con el Universo entero. Pero, si no le seguimos la corriente... ay, entonces el mundo no nos lo perdonará, seremos desterrados de los bienpensantes y nos alejaremos de la media aritmética de los humanos...

Es un asunto comúnmente aceptado que el profeta del que hablo siempre tiene la razón, es más, basta citarlo para que lo que se añada a continuación sea cierto. Hasta presidentes de gobierno y autoridades religiosas se rinden a sus pies, y cuando un político lo invoca, parece hasta que lleve razón en lo que dice.

Sin embargo, existe una tropa de descreídos que no le profesan la debida veneración, y entre estos hay dos tipos: los primeros, aquellos que no han creído nunca en él, y que se definen a sí mismos como seres satisfechos, puede que incluso felices, extrañamente felices, porque el resto de mortales los desprecia, los rechaza y no puede comprender su chocante comportamiento.

Pero los peores son los segundos, quienes lo siguieron sin dudar, fueron sus más fervientes súbditos y un día se percataron de que, al acatar su doctrina, habían arruinado su vida por completo: ¿qué hay peor que descubrir un día que has sido fiel a tu maestro, has cumplido todos los preceptos que te han sido encomendados y que, sin embargo, tu propia vida se desmorona porque toda esa sabiduría no era lo que necesitabas? ¿que la ideología que has seguido y defendido era... humo?

El nombre del profeta, lo sabemos... Se llama San Deberías, y todos lo hemos invocado más de una vez, y nos lo invocan de vez en cuando. La creencia en este profeta no es maligna, y cuando alguien lo cita lo hace en general con intención sana, de ayudar. Sin embargo, hay que hacer una denuncia: es un falso profeta.

Necesitamos dejar de una vez de escuchar sus enseñanzas, sus embustes y falacias imposibles de cumplir, y convertirnos; seguir a otros profetas más veraces, como son San Quiero, San Necesito y San Yomismo, aunque también a estos hay que ponerlos en cuarentena...

lunes, 6 de junio de 2011

Saber...se

El caso es saberse uno mismo, como quien se sabe una lección de carrerilla, o una canción, o el padrenuestro. Pero en estos casos, querer empezar por la mitad es inútil, no te la sabes tan bien... necesitas empezar desde el principio, para que el ritmo interno te tire de la memoria y las palabras vayan saliendo solas.

Con la propia vida es parecido, crees que te sabes, pero como te quedes parado pierdes el hilo, no sabes seguir porque has perdido la inercia que llevabas. Necesitas empezar de nuevo, desde el principio, desde la línea 1 del texto. El problema es que leíste esa línea hace... ¿cuánto hace que leíste esa línea? Además, en la época en que la escribiste aquella frase tenía sentido, pero ¿por qué hoy no la entiendes, no te dice nada, ni siquiera te crees que fuese tuya?

Es como esas veces que, de repente, una palabra cualquiera te resulta extraña, como si no la hubieras escuchado nunca. De repente, “murciélago” o “jardinería” te suenan a chino mandarín; de repente, la propia vida parece extraña, ajena, y lo peor es la sorpresa, porque se supone que uno mismo se sabe de memoria, y resulta que no, que te has olvidado de cómo eres, de quién eres...

Qué vergüenza, no saberse, ¿y si te preguntan, como en la escuela? ¿Y si descubren que no te sabes, que no te has aprendido todavía? Pero, ¿cómo estudiarse, como memorizarse o, aún más complicado, cómo entenderse?

No memoricéis, alumnos, dicen los profesores, comprended el significado de lo que ahí está escrito y se os quedará dentro, pero, ¿cómo se comprende el propio texto que uno ha ido escribiendo, lleno de tachones, tippex, folios arrugados, anotaciones al margen, manchas de café y lágrimas? Porque no ha habido tiempo para pasarlo a limpio, porque no podemos parar de escribir folios nuevos que no nos dejan releer los antiguos... porque como no entendemos la explicación de los profesores que son el mundo y la vida, tomamos en los apuntes lo poquito que somos capaces de descifrar, y eso no hay manera después de comprenderlo, ni memorizarlo, ni a veces tiene demasiado sentido.

Has perdido el hilo, eso es, basta con seguir la lectura y te enterarás de qué va la historia... ¿y si la historia no te gusta? ¿y si paraste de leer precisamente porque no querías seguir el argumento? Ojalá pudieras avanzar varias páginas de golpe y descubrir ahora mismo quién es el asesino, como en las novelas de misterio, pero sabes que no puedes, y que aunque el final no te guste hay libros que no se pueden dejar a la mitad, como el de tu propia vida.

Saberse, saberse... los demás aparentan saberse bien, llevan años demostrando a los otros que se saben, pero la mayoría copian o utilizan chuleta, porque no se saben, nadie se sabe en realidad. ¿O sí? Y eso es lo peor, ¿y si eres tú el único que aún no se ha aprendido a sí mismo, el más torpe de la clase? ¿Se puede repetir curso en la escuela de la vida? Algunos dicen que sí, pero el precio de la matrícula se duplica, o se triplica...

domingo, 29 de mayo de 2011

Llevado por el viento

- No le mires a los ojos, no le trates con demasiada confianza, ni con demasiado recelo; intenta ser natural, pero no demasiado. Si no le caes bien, está todo perdido... – dijo Jaime, con visible preocupación.

- Pero a ver, ¿por qué tiene tanta autoridad ese hombre? ¿Quién le dio ese cargo, y sobre todo, por qué nadie puede llevarle la contraria? – replicó Andrés, irritado.

- Andrés, no te pases, que eres nuevo en esto, ya irás aprendiendo... A Don Silverio no se le cuestiona, se le obedece y ya está.

- ¿Y es que no se va a jubilar nunca, y quién puede echarlo de ahí, y quién había antes, y....?

- Mira, te contaré lo poco que sé, porque nadie conoce exactamente la verdad, pero por favor, no le digas a nadie que te lo he contado yo...:

parece ser que, ya antes de la II República, cuando el cine empezaba a ser el espectáculo de masas que es hoy, y ante la avalancha que se avecinaba de películas extranjeras (sobre todo, norteamericanas), alguien con mucho, mucho poder, nombró al jovencísimo Silverio Maldonado “Titulador Oficial del Reino”. Su trabajo era, como ya sabes, poner el título en español a las películas que vienen en otro idioma.

El trabajo parecía fácil, ya que Silverito era de los pocos españoles que, en aquella época, dominaba el inglés, francés y otros idiomas con soltura; bastaba con traducir la frase que formaba el título y ya estaba... Pero a Silverito, perdón, ya Don Silverio, se le empezaron a subir los humos, sobre todo cuando sobrevivió al auge y a la caída de la República y, nadie sabe cómo, mantuvo su puesto durante todos los años del franquismo, acaparando cada vez más poder, y acrecentando su misterio y su leyenda personal... dicen que se atrevía a gritarle a Franco, fíjate, e incluso se rumorea que abofeteó una vez al mismísimo Escrivá de Balaguer...

Total, que empezó a ser, digamos... “creativo”, y en lugar de simplemente traducir el título, como hizo con “El tercer hombre”, o “Casablanca”, o “Una noche en la ópera”, creyó oportuno instruir al inculto pueblo español, explicarle de qué iba la historia, porque pobrecitos de nosotros, tan catetos, tan poco leídos... Parece ser que, aunque ya lo había hecho algunas veces antes (como en “Bringing up, baby”, conocida aquí como “La fiera de mi niña”), su vocación redentora se disparó con “Lo que el viento se llevó”, que en inglés es algo así como “Llevado por el viento”...; dicen que se sintió tan orgulloso de su aportación a la historia que se aplicó más que nunca a su tarea, dispuesto a enmendar la plana a los guionistas de Hollywood, qué sabrían ellos de buenos títulos...

Así, en vez de “Some like it hot”, tuvimos “Con faldas y a lo loco”, que se parece al original como un huevo a una castaña; o cuando hubo que explicar que “Doctor No” debía llamarse “Agente 007 contra el doctor No”, por si alguien lo dudaba; “Amor en conserva” de los Marx y Marilyn, era en realidad “Love happy”, ¿dónde están las conservas?; “North by Northwest” pasó a ser “Con la muerte en los talones”, “The seven year itch” la conocemos como “La tentación vive arriba”; “Con él llegó el escándalo” era “Home from the Hill”, que podría haber sido “La casa de la colina”, o algo parecido. En “Rosemary’s baby”, ¿para qué mantener la intriga?, es mejor contar a todo el mundo el final, hombre, ¡abajo el suspense, llamémosla “La semilla del diablo”! Clint Eastwood y Jeff Bridges en “Thunderbolt and Lightfoot” pasan a ser “Un botín de 500.000 dólares”... y podríamos seguir todo el día, la creatividad de Don Silverio no tenía límites.

Con la llegada de la democracia, algunos pensaron que a Don Silverio le había llegado su hora, pero no podían estar menos acertados. Como de costumbre, el cada vez más intocable Silverio Maldonado ascendió un poco más en esa escala de personas que nadie conoce pero que controlan el país y el mundo, protegido por quién sabe quién, seguro que más poderoso que él... los rumores dicen que Don Juan Carlos I adoptó este nombre compuesto, raro en un rey, porque Don Silverio, en fin, ya te puedes imaginar... Sobrevivió a cambios de gobierno, a ministros de Cultura, a la SGAE y a los premios Goya, y ahí sigue; no se jubila, ni piensa hacerlo, y su extraña longevidad (debe haber cumplido ya los 100 años, o eso dicen) ha creado bulos sobre su relación con oscuras artes mágicas y acerca de quién, en realidad, es el padrino que le mantiene en el cargo, o si él mismo es ese Quién que gobierna a todos los demás...

Y siguió trabajando: en “Star Wars”, ¿dónde están las Galaxias del título en español?; en “Groundhog Day” (El día de la marmota), creyó imprescindible reventarnos el argumento, llamándola “Atrapado en el tiempo”; “Highlander” no es en España “El de las tierras altas”, ni nada similar, sino “Los inmortales”, hala, otra vez el argumento destripado; o “Daylight”, que por si no estaba claro de qué iba, había que llamarla “Pánico en el túnel”. “First blood” la conocemos por “Acorralado”, “The naked gun” se llama aquí “Agárralo como puedas”, “Carlito’s way” se convierte en “Atrapado por su pasado”... Y ya no digamos “Die hard”, que podría haber sido “Duro de matar” o algo así, pero no, Don Silverio vio imprescindible aclarar que se trataba de “La jungla de cristal”... el problema vino con las secuelas, cuando ya no había ni jungla ni cristal ni nada... pero don Silverio, erre que erre, siguió con su empeño, “La jungla 2”, “La jungla 3”... y las que hagan falta.

Pero lo peor es que, cuando alguien le lleva la contraria, u osa desafiarle, su rabieta acaba provocando siempre lo mismo: conservar el título original. Ahí está “Grease”, que Don Silverio quería llamar “Jóvenes alegres”, o “Toy Story”, que, en fin... Se empeñó en que “Cold mountain” debía llamarse “El amor siempre vuelve”, pero como el entonces Director General del asunto se opuso, pues hala, el original... y el Director General, destituido.

No hace mucho, cuando se empeñó en llamar “El genio azul del desierto” a lo que debería haber sido “Aladino”, el entonces ministro de Cultura le echó valor y se le enfrentó; ¿la consecuencia?: ahí está “Aladdín”, el título más fácil de traducir y sin embargo, el más absurdamente conservado del inglés... o la más reciente “Up”, ¿es que no era fácil? Claro, Don Silverio quería “Un abuelo volador”, la SGAE, o quien fuese, protestó, y... En fin, ahí están, “American beauty”, “Apocalypse now”, “Deep blue sea”, “Goldeneye”, “House on haunted hill”, “Duplicity”, “Ice age”, “The italian job”, “Mystic river”, “Ocean’s eleven”, “Scream”, “Scary movie”, “Training day”, “Underworld”… y así hasta el infinito.

Bueno, y ya no hablemos de los telefilmes, esos de los fines de semana que se titulan originalmente “Una idea estupenda” y los traducen como “Asesinato sangriento”...

Ahora, lo que jamás le perdonaré a Don Silverio es que, a la película japonesa “Super Robot Match Baron” la llamó, atención... “¡Mazinger Z, el robot de las estrellas”! ¡Pero si no tenía nada que ver con la serie! Aún recuerdo cuando mi padre, con toda su buena intención, me llevó a verla al cine... qué decepción... ¿Mazinger, rojo?

Oye, pero basta ya de explicaciones, y mucho cuidado, vamos a entrar...


(Nota del autor: lo de Mazinger Z es verídico y autobiográfico...)

sábado, 30 de abril de 2011

El fin del mundo

Tengo miedo, mucho miedo...

Resulta que dice un anuncio de la tele que Miguel Indurain, pentacampeón del Tour de Francia, uno de los más grandes deportistas españoles de todos los tiempos (si no el que más), ¡tiene colesterol!, y necesita tomarse todos los días una especie de yogur mágico que te lo quita.

Vale, que Manolo Escobar tenga colesterol, con la edad que ya tiene el hombre, medio se entiende (y digo "medio" porque Manolo es otro de esos seres intemporales, congelados en la historia de España)... pero ¿Miguel Indurain? ¿El mismo que en reposo tiene 2 ó 3 pulsaciones por minuto, cuyo corazón es como cuando cae un árbol en medio del bosque, qué cómo sabes que ruido hace, si no lo escuchas nunca? ¿El mismo que ganaba las carreras como una supremacía insultante mientras que Rominger lloraba de impotencia? ¿El que nos dejó sin siesta durante un montón de años, mientras aguantábamos 40 grados a la sombra de un gazpacho veraniego?

No, me niego, no me lo creo, ¡no puede ser! Es que no, y que no. Se me cae un mito a los pies (no será el primero, ni el último desde luego...)

Pero eso no es lo peor: lo que de verdad me preocupa es que, si Don Miguel tiene colesterol, ¡estamos todos muertos! ¡No podemos hacer nada, ni con bífidus ni sin bífidus, ni con spinning ni con pilates ni con puñetas! Si un coloso, un titán, un cíclope (en este caso, no de un solo ojo, sino de una sola ceja) tiene la sangre llena de ladrillitos de esos que te bloquean por dentro, los demás mortales no tenemos ninguna posibilidad. Ya podemos ir al gimnasio todos los días, comer solamente lechuga y pavo como si fuésemos Victoria Beckham o ir andando al trabajo presumiendo de la mancha de sudor en el traje... Nada, nada tiene sentido ya; si Indurain tiene colesterol, no hay nada que hacer...

Habrá que resignarse, asumir que hasta los dioses tienen los pies de barro, o de manteca, para ser más exactos, y que no tenemos escapatoria. O mira, quizás sea una buena noticia: dejemos de preocuparnos y volvamos a beber cerveza y comer cerdo, disfrutemos de la vida y del plato y de la copa, total, ya está todo perdido... Hala, a hincharse, sin Indurain no ha podido estar sano a pesar de escalar todas las montañas del planeta, ¿qué podemos hacer los demás?

Claro que... puestos a buscar conexiones y conspiraciones, este anuncio, en lugar de estar pagado por la marca de bífidus en cuestión, ¿no estará patrocinado en secreto por Mahou, Campofrío, Lays y Häagen-Dazs? ¿No será uno de esos casos de psicología inversa, en los que acabas haciendo lo contrario de lo que te dicen, pero en realidad les obedeces sin saberlo? Quién sabe, a lo mejor es lo que quieren hacernos creer, "come y bebe, consume y gasta, que el mundo se acabará igual".

Yo no sé qué pensar; en cualquier caso me preocupa, y mucho. Estas cosas hacen ver de golpe lo débiles que somos y que nadie, por mucho que se parezca a Hércules, está a salvo.

Lo que me pregunto es para cuándo inventarán un chuletón que lleve ya los bífidus incorporados, esa es nuestra verdadera esperanza...

sábado, 24 de julio de 2010

Fofito

No hombre, no. No hija, no, que diría el grande Antonio Ozores (que en paz descanse). Hay cosas que no. Y es que acabo de ver una entrevista que le ha hecho Cristina Tárrega a Alfonso Aragón, “Fofito” y, de verdad, he tenido que cambiar de canal antes de que acabase...

Porque no he podido. Si tienes alrededor de 40 años, como yo (ay..., duele decirlo), entenderás que decir Fofito es como hablar de mitología. Decir Fofito siempre viene acompañado de Gaby, Miliki y Fofó. Y Milikito, eso sí, como artista invitado con un cencerro, porque aún no hablaba... (si tienes menos de 30 años, esto te estará sonando como cuando desterraron a Napoleón a una isla, más o menos, pero es parte de la vida de quien escribe).

Fofó, con quien los niños de la época aprendimos que hasta los payasos se mueren, y que no existe la inmortalidad; es, probablemente, el primer muerto que los de mi edad hemos conocido (bueno, vale, sí, Rodríguez de la Fuente, están así-así los dos...)

Gaby, del que nadie entendía su saxofón, y por qué se juntaban con gente más tonta que él (claro, es que eran hermanos, qué íbamos a saber entonces los niños, si sólo había dos canales). Miliki, aún vivo, aunque no hace reír desde aquellos formidables, geniales sketchs que hacían, se le tiene cariño, como de abuelo. Milikito (vaya, Emilio Aragón), reciclado al mundo de los no-payasos y, bueno, no le ha ido mal... Y Fofito.

Tengo un disco de vinilo en el que los payasos de la tele anuncian su regreso a España (¡!) y dicen que vienen a hacer felices a los niños españoles (una fortuna en eBay, seguro). En ese disco, protagonizado por Gaby, Miliki y Fofó, se anuncia, en primicia, debutando, enmarcado en una estrella de color amarillo “y Fofito”, como sugiriendo que él era la gran estrella futura. 38 años más tarde, leo ocasionalmente titulares como “Fofito no se habla con su familia”, “Fofito recupera su vida y graba un nuevo disco”, “Fofito se cura de su adicción al alcohol”... Si esto no es un ídolo caído, que venga Dios y lo vea. Mi generación no cree en nada, y con razón, teniendo en cuenta que niños como era yo dejábamos de jugar a la pelota para ver a los Payasos de la Tele, preparábamos la merienda con tiempo para no perdernos el Circo de la Tele, e íbamos a mear mientras estaban los domadores (nunca me gustaron los animales) para ver el genial, grandioso, sublime sketch de los payasos con el Señor Chinarro.

Y ahora, casi cuarentón (perdón, cuarentañero, que suena como más... mejor) tengo que aguantar cómo Cristina Tárrega tutea a Fofito en un canal que no sé cuál es pero que en mi tele está más allá del 12, le pregunta sin miramiento alguno sobre su reconciliación con su familia (bueno, de eso me alegro, claro), se burla de su situación actual y de lo mal que lo ha pasado, sobre si su primo Emilio Aragón le habla o no, si su nuevo circo hace o no taquilla... Tengo que aguantar que un periodista faltón, maleducado y con risa permanente de cocainómano le haga al invitado preguntas de doble sentido con la clara intención de dejarlo en ridículo, que los supuestos e-mails que manda el público demuestren un desconocimiento atroz del personaje...o quizás una mala leche, a lo mejor del propio equipo del programa, digna del más capullo de los periodistas.

Y mientras, Fofito, el hombre, el mortal, intentando salir airoso de semejante encerrona, de la cual nadie puede salir airoso. Intentando ser gracioso ante un público que sólo quiere saber cuánto bebía cada día.

Cuando Cristina Tárrega, en mitad de la entrevista, ha preguntado “y Gaby, ¿qué es de él?”, se me han roto los fusibles; Fofito, educado el hombre, ha respondido “se murió...” y la presentadora ha respondido “ah...”, y ha seguido con otra pregunta más tonta todavía...

Ahí he tenido que cambiar urgentemente de canal y ver un rato a Belén Esteban, no he podido soportarlo. Es, en palabras de Wagner, el ocaso de los dioses.

martes, 13 de julio de 2010

Buen viaje

Hay días grises, tontorrones, de esos que no son malos ni buenos, sino todo lo contrario; de esos en los que uno está incómodo con el mundo, sin que el mundo le haya soplado siquiera; de esos en los que dices “me parece que hoy me voy a pelear con el primero que me mire”; de esos en los que, a la mínima, le montas la de San Quintín al pobre operario de Jazztel, Telefónica, Tele2 o similar que llame (que llaman, vaya si llaman) a tu casa a eso de las 4:15 de la tarde...

Esos días, en los que uno está al filo de la navaja, pueden decantarse hacia cualquiera de las dos vertientes del tejado: o bien salta una chispa que provoca todo el incendio, o bien sucede algo que echa una piscina de agua fría sobre la caldera de tu cabeza, y te reconcilias de repente con el mundo y con sus habitantes.

Así iba yo hace unos días, con una nube gris plomo en la cabeza, enfadado con el universo sin motivo aparente, lo cual es doblemente cabreante, porque no tienes a quién echarle la culpa... Iba conduciendo hacia mi casa, de vuelta del trabajo, tras bastantes kilómetros de camino, cansado, agotado física y mentalmente... Uno de esos días que, cuanto antes termine, mejor.

Y sucedió algo, una tontería; es hasta difícil explicarlo sin parecer demasiado estúpido. Más que lo que vi, fue lo que pensé.

Al pasar por debajo de uno de los puentes que atraviesan la autovía, leí, así de sencillo: “Buen viaje”. Escrito con spray negro, en mayúsculas, nada especial. Nada reivindicativo, ni político, ni futbolero, ni ofensivo, ni... Nada, sólo “buen viaje”.

Y me dio por pensar en el chiquillo (no sé por qué, supuse que sería un chiquillo) que, cabeza abajo, se arriesgó tontamente para escribir “buen viaje”. Para desearle a conductores anónimos, a personas que no conocía de nada, que no tuvieran problemas en la carretera, poniendo en peligro su propia vida, o que lo detuviese la policía, o que le cayese la bronca del siglo por parte de sus padres...

O, quién sabe, el pintor iba borracho (muy probable, supongo) y, en lugar de escribir una ordinariez, se le ocurrió desear el bien a sus semejantes. O, podría ser también, que quien lo hizo lo llevase pensando desde hacía mucho tiempo, urdiendo el plan en secreto, esperando el momento (seguramente nocturno) para realizar su ¿fechoría?.

En fin. El caso es que, fuese quien fuese el que escribió aquello, ebrio o sobrio, joven o viejo, hombre o mujer, planta, animal o cosa... Fuese quien fuese, decía, el autor de la pintada, me alegró el día, despejó los nubarrones de mi mente, me puso una sonrisa en la boca y me regaló una tarde de buenos pensamientos hacia los seres humanos. Por qué poca cosa se puede uno sentir bien. Fíjate si soy tonto... (¿o no?)

lunes, 12 de julio de 2010

Campeones del mundo!!!!

Campeones, campeones, oé oé oeeeeeeeeeeeeeeé !!!!!!!!!!!!!!!!!!
Campeones, campeones, oé oé oeeeeeeeeeeeeeeé !!!!!!!!!!!!!!!!!!

Ya está, esto es lo que tenía que decir :)

jueves, 27 de mayo de 2010

Jacob & Smokey hacen las paces

Muy bueno:

http://www.youtube.com/watch?v=HIA8byeACG8&feature=player_embedded

Final de LOST - Mi humilde opinión


Si aún no has visto el final de LOST, NO SIGAS LEYENDO!!!!





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A continuación os dejo mi opinión sobre la mejor serie de la historia (al menos, eso pensaba yo hasta hace unos días; ahora, la verdad, no sé qué pensar...)




Bueno, en realidad la serie podríamos decir que tiene 2 finales:

- Final #1: el final de la isla: Jack se sacrifica por la isla y por la Humanidad, Hugo sigue la tarea y todo vuelve a empezar, “el ciclo de la isla” o algo así. Los del avión consiguen salir (como ya salieron los del helicóptero), otros han muerto por el camino, el bien ha ganado al mal, Jacob tenía razón, etc, etc...

A mí me ha gustado, en serio. Vale que se dejan un montón de cosas sin resolver, pero vale, lo acepto, son misterios y misterios seguirán siendo. Es más, tendría su punto eso de que nosotros, en los foros, mantuviésemos viva la isla y sus posibilidades. A lo mejor, si SÓLO hubiésemos visto ese final, SIN FLASHSIDES, estaríamos diciendo que vaya final frío, que no resuelven dudas, pero se cierra la historia. Estaríamos a lo mejor enfadados (pero no MUY ENFADADOS, como yo estoy...) El problema ha sido el...

- Final #2: da igual lo que hagas, al final tós nos tenemos que morir... Pa eso tantas vueltas? Para que me digan lo que ya me dijeron en “Ghost”, “Poltergeist”, “Entre fantasmas”, “Autopista hacia el cielo”, etc, etc, etc...???

Venga a defender que no, que ésta sí era una serie que se alejaba de los tópicos yanquis, que planteaban misterios muy bien elaborados, con una base currada (nombres de filósofos reales, bases cuasi-científicas), en la que los personajes se hilaban unos con otros por “misteriosas razones”, en la que “todo sucedía por una razón”, que NOS HACÍA PENSAR (lo cual creo que es positivo, no?), en la que la isla representaba un ente en sí mismo con implicaciones hasta filosóficas...

En la que además, los propios guionistas han jugado con los misterios de la isla como un rompecabezas... y al final resulta que no, que la isla era un pretexto, que daba igual una isla que un polígono industrial que un cuartel, lo importante era el AMORRRRRR (tócate los...), y que así podría terminar Perdidos, Los hombres de Paco, Verano Azul o El equipo A. Vamos, ni Hitchcock con su famoso “McGuffin” lo habría hecho mejor. El problema es que ¿para qué la isla? ¿para qué el avión, el humo, Jacob, los egipcios, las casualidades, los sacrificios, el bien y el mal, la pseudo-ciencia, las paradojas, los personajes, las sorpresas, las emociones, el cariño a los personajes, el “todo sucede por una razón”, el “no me digas lo que no puedo hacer”, los números, la cabaña, Dharma, el tiburón, la estatua.......????

Es más, parece que todo aquel a quien no le ha gustado el final es que “no ha entendido nada”, o no ha “comprendido la poesía implícita”, o es muy superficial, o... Mirad, soy fan como el que más, tengo camisetas, pins, chapas, jarras, salvapantallas, etc, etc, de Lost; he hecho proselitismo de la serie, convenciendo a todo el mundo para que viera “la mejor serie de la historia”. No soy Einstein pero me tengo por medio inteligente, y creo que tengo cierta sensibilidad para apreciar los dramas humanos a la par que las paradojas y los dobles sentidos... y aún así NO ME HA GUSTADO NADA LO DEL LIMBO. Y NO SOY NI UN INSENSIBLE, ni tonto, ni “se me ha escapado el verdadero sentido transcendente del final”, ni...

Vamos, que no!!


De todas formas, yo tengo ya MI teoría, y creo que es válida: a ver:

Resulta que los guionistas son unos tíos inteligentísimos y además muy buenas personas, y sabían lo malamente que nos íbamos a quedar los frikis cuando esto acabase. Así que pensaron:

- "Oye Damon, pobrecillos losties, cómo van a echar de menos la serie, que vacíos se van a quedar, sin la ilusión de un próximo episodio... ¿y si hacemos un final que sea LA MIERDA, y así, aunque nos maldigan y nos odien, no nos echarán de menos? Así volverán a retomar sus vidas diarias, llenos de ODIO hacia nosotros, que nos sacrificaremos por su bien, pero volverán a la vida real, con sus preocupaciones, hipotecas, ..."

- "Es verdad Carlton, merecen la oportunidad de recuperar sus vidas, y nosotros somos los elegidos, debemos sacrificarnos por nuestros frikis, cargaremos con la culpa ab aeterno, bueno, pa siempre..."

Y así se explica esta cara de pánfilo que tenemos algunos desde hace 3 días.

Si es así, agradezco su sacrificio, pero luego no se extrañen si alguien les PARTE LAS PIERNAS.

Adiorlll

PD: esto sí es una burbuja y no la inmobiliaria


viernes, 1 de enero de 2010

Innovación

“¡¡¡No, no , no y no!!!”, dijo Frauerwitz, visiblemente encolerizado. El austríaco había tolerado ya bastante, y su cara presentaba un color rojizo peligrosamente cercano al de la berenjena.

“Ya he escuchado bastante, y creo poder decir que la propuesta que se ha presentado hoy se acerca a la locura. Es más, sin posibilidad de error afirmo que aquel que la ha presentado es un loco, un alienado, un advenedizo en el sacrosanto reino de la Arquitectura. Sugiero a la respetada concurrencia dos ítems: el primero, que sus palabras sean desechadas ad infinitum, y segundo, que su bastardo nombre sea eliminado de las actas del Colegio Internacional de Arquitectos”, continuó Frauerwitz.

Frauerwitz, el austríaco, no era un cualquiera en este campo: suyas eran la torre neoegipcia de Leipzig, y el palacio rampante de Nueva Orleans, obras ambas que le arropaban como el más rompedor de los arquitectos de las últimas tres décadas. Claro está que nada es eterno, y desde hacía cuatro o cinco años algunos temerarios habían osado retarle con alguna que otra osada propuesta, digamos que “innovadora”: cada uno de ellos había sido expulsado al infierno de los creadores, y hubieron de ganarse la vida vendiendo castañas, dando clases de matemáticas o traficando con cualquier cosa; todo lo que fuere, lejos siempre de la arquitectura. Tal era el poder del austríaco.

Pero esta vez era diferente: la propuesta del loco, del orate, del sin cabeza francés Lepoitierre era algo diferente. Por vez primera en treinta y dos años, desde el congreso de Knoxville, alguien de fuera de la línea oficial del Colegio Internacional de Arquitectos presentaba una propuesta nueva con base, con apoyo técnico y estético, con posibilidades de futuro (compartido por aproximadamente la mitad de los colegiados) y lo que es sin duda más mundano pero obviamente más importante: rentabilidad económica. Esto último, sobre todo, es lo que preocupaba a Frauerwitz y a su camarilla, la posibilidad real de perder el liderazgo mundial en la línea oficial de la tendencia arquitectónica y, por lo tanto, estética y urbanística.

Lepoitierre, entre ovaciones, gritos y enfervorizados aplausos, volvió a hablar: “Es el conservadurismo el que hunde el Arte, es el inmovilismo el que sume al mundo en un marasmo de aburrimiento, desidia, pena y muerte. Lo que hay que hacer, sin dudar, es avanzar, cambiar, crear, volver el planeta del revés como si de un calcetín se tratase. Y hay que hacerlo sin miedo, sin pensar en las consecuencias. Si Grecia hubiese temido romper con los cánones clásicos no habría habido un Partenón; si Roma hubiese querido seguir las reglas griegas nadie, que no estuviese loco, hubiese siquiera intentado dar a luz la cúpula del Panteón; si se hubiera permitido a Eiffel desmontar su torre, como pensaba hacer, la arquitectura del acero habría sido muy diferente. En suma: si alguien muy sabio hubiera sacado a Keops de su megalomanía, ¿cuál sería el símbolo de Egipto?”

Los encendidos aplausos inflamaron el auditorio. Estaba claro que Lepoitierre, además de un consumado arquitecto, era un excelente orador, capaz sin duda de arrebatar a Frauerwitz el Decanato de los arquitectos del planeta. Quizá el Decanato quedase algo lejos, sobre todo a su joven edad, pero que el liderazgo ideológico estaba siendo objeto de una cruel guerra, eso era algo que ya nadie dudaba.

Lo que más le dolía a Frauerwitz es que el francés había sido su discípulo, su preferido, a quien había enseñado todo lo que sabía (y lo que no sabía); que fuera él, precisamente él y no otro, quien ahora le estaba dejando atrás, humillado, apeado de su trono, y sin posibilidad (de ello estaba seguro) de victoria por parte del maestro.

Aunque, a decir verdad, la sensación era una mezcla de dolor por la traición sufrida, y de orgullo por ver que su mejor discípulo era quien le estaba arrebatando el cetro. Es difícil combinar la amargura de ser expulsado de la gloria con la satisfacción de que tu alumno, aquel en quien depositaste todo tu saber, lo ha conseguido, ha llegado a la cumbre y ha destronado al Rey, que por azares del destino eras tú.

A pesar de ello, el enorme ego de Frauerwitz pesaba más en esa balanza, y el Decano estaba fuera de sí del enfado y la furia. “¡Votemos!”, gritó alguien desde la tercera fila. “¡Votemos, votemos, votemos, votemos¡”, coreó la multitud, cada vez más convencida de que estaban haciendo historia. Hacía dieciséis años que no se votaba nada en los Congresos de Arquitectos, todo se adoptaba por unanimidad. Una votación suponía el automático descrédito del perdedor, y rara vez nadie se atrevía a proponer una votación.

El francés miraba desafiante al Decano y a su camarilla, quienes se volvieron de espaldas para deliberar, mientras los mejores arquitectos del mundo seguían gritando “¡votemos, votemos, votemos, votemos¡”. “Está bien, sea la votación”, dijo el Decano volviéndose repentinamente hacia el micrófono, y el aplauso fue atronador.

El recuento fue impasible: 643 votos a favor, 185 en contra, 16 abstenciones. El ganador, Lepoitierre, acababa de marcar así la trayectoria de las tendencias en la arquitectura de finales del siglo XX y seguro de los siglos venideros. El perdedor, Frauerwitz, agachó la cabeza, consciente de que su futuro sería un ir y venir de conferencias en las más decrépitas y conservadoras escuelas del mundo. Lepoitierre, exultante, fue alzado a hombros, y nadie dudó de que sus provocadoras ideas serían obedecidas por todos los arquitectos de la Tierra.

Es por eso que, desde aquel Congreso, los cuartos de baño se construyen sin ventana, por absurdo que pueda parecer a los profanos mortales que nada entienden de Arte.

(Ah, que el baño del lector es de los que sí tienen ventana: lo lamento muchísimo, vive usted en una choza construida bajo horribles tendencias arquitectónicas desfasadas, qué le vamos a hacer...)